Las falacias de la OCDE sobre política fiscal, salarios y competitividad

<em>Las falacias de la OCDE sobre política fiscal, salarios y competitividad </em>
El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, y el ministro de Economía y Competitividad, Luis De Guindos.

Eduardo Garzón
La Marea

La OCDE ha publicado este lunes un extenso informe sobre la situación económica de España, en el que además de diagnosticar los problemas existentes ofrece recomendaciones de política económica. Como institución multilateral y hegemónica que es, su concepción de la economía parte de un punto de vista convencional, muy próximo a los postulados neoclásicos. A continuación se resumen los puntos más importantes y se ofrece desde un enfoque crítico de la economía una respuesta argumentada y respaldada por evidencia empírica.-Según la OCDE (también según los economistas convencionales, FMI, BM, CEOE, etc) no hay opción para la política fiscal debido al elevado déficit público y a la elevada deuda pública. Por eso dicen que no es posible aumentar el gasto público y que no queda más remedio que intervenir en otros ámbitos como la legislación del mercado laboral (reduciendo los derechos de los trabajadores) o la política monetaria (inundando de dinero barato a los bancos).

1. Falso. Por supuesto que hay margen para política fiscal, se trata de luchar eficazmente contra el fraude fiscal (80.000 millones de euros cada año no recaudados según Gestha, el sindicato de técnicos de Hacienda), realizar una reforma fiscal progresiva (se podrían recaudar de las capas más acaudaladas 25.000 millones de euros más cada año según Gestha) o incluso –si el BCE tuviese voluntad- financiar gasto fiscal directamente con préstamos del BCE, ya sea vía Banco Europeo de Inversiones u obligando a los bancos privados a hacerlo (esto último antiguamente lo hacía el Banco de España y en la actualidad se hace en Islandia, por poner sólo dos ejemplos).

2. La deuda pública es elevada pero ése no es el problema. La cuantía total no es un problema, lo importante es el coste de la misma. Por ejemplo, Japón tiene más del 230% del PIB de deuda pública (España tiene deuda de 100% del PIB) y ése no es su problema (Japón tiene una tasa de paro del 3,7%;). Además, la cuantía total se podría disminuir (y se debe hacer) a través de una reestructuración de la misma, además de buscar el crecimiento del PIB, que lograría disminuir el ratio deuda/PIB (indicador por excelencia de la deuda pública).

3. Más importante aún: el gasto fiscal estimula la actividad económica (más demanda, más beneficios, más contratos, más inversión), de forma que luego se recaudaría más por impuestos y se gastaría menos en prestaciones por desempleo y otras ayudas públicas. Aumentar el gasto público tiene como efecto una disminución del déficit público a medio plazo.

-Según la OCDE en España hubo 15 años en que los sueldos crecían más que la productividad y eso provocó una pérdida de competitividad. Es decir, que la culpa de que España venda pocos productos en el extranjero es de los trabajadores que han cobrado mucho y han imposibilitado que los empresarios puedan descender el precio de los productos exportados.

1. Lo de que los salarios han crecido más que la productividad sólo es cierto si se hacen trampas con los indicadores (es decir, utilizando el coste laboral unitario nominal), deflactando la productividad y no los precios. Pero si no se hacen trampas (utilizando el coste laboral real), los salarios han crecido muchísimo menos que la productividad, de forma que los trabajadores cada vez han recibido menor proporción de la tarta generada. La culpa no es de los trabajadores, que precisamente no han dejado de perder capacidad adquisitiva.

2. Lo de que el anterior punto provocó una pérdida de competitividad es categóricamente falso. La competitividad de España no empeoró, como demuestra que sus exportaciones crecieran al ritmo del 8% antes de la crisis (datos de COMEXT de la Unión Europea) y que su cuota exportadora (porcentaje de exportaciones españolas sobre el total de exportaciones mundiales) se haya mantenido en torno al 1,7% (¡incluso en unos años en los que China ganaba terreno a todas las demás economías como Italia, Francia o EEUU!). Las empresas españolas nunca perdieron competitividad, y resistieron sólidamente el empuje de China.

3. Los economistas convencionales afirman que España perdió competitividad porque se centran erróneamente en dos elementos inservibles: 1) en el coste laboral unitario nominal, que es un indicador construido de forma tramposa y que penaliza a los salarios, además de que suelen utilizarlo para el agregado de la economía en vez de para los sectores que exportan (¡no sirve de nada decir que sectores que no exportan, como los servicios de abogacía, han visto deteriorarse su coste laboral unitario!). Cuando uno utiliza este indicador únicamente para los sectores que sí exportan entonces los resultados revelan que no se perdió competitividad. 2) Se centran en el saldo comercial, que es la diferencia entre exportaciones e importaciones. El saldo comercial sí era notablemente negativo en esos años, pero fue debido al intenso incremento de las importaciones y no a las exportaciones, ya que éstas no retrocedieron. Las importaciones aumentaron porque la demanda interna de España era muy elevada. Ahora, en crisis, ya no lo es, y por eso el saldo comercial se ha reducido tanto. Los economistas convencionales dicen que es por haber reducido el salario de los trabajadores, ¡pero no es por eso!

4. Ahora bien, es cierto que justo después de la crisis (2010, 2011, 2012) las exportaciones españolas aumentaron un poco (aunque en 2013 se frenaron y comenzaron a caer en 2014). El discurso convencional es porque los salarios cayeron (debido a las reformas laborales) y ello permitió ganar competitividad. ¡Tampoco es cierto! Los precios de los productos exportados aumentaron durante estos años, en vez de caer. La reducción de salarios se tradujo en un aumento del margen de beneficio de las empresas españolas. Desde el segundo trimestre de 2009 hasta el tercer trimestre de 2013 los salarios se redujeron un 9%; en ese mismo periodo el margen bruto de beneficios cargado por las empresas se elevó un 16% (1). Algo similar apunta el Servicio de Estudios del BBVA utilizando los datos del Banco de España: entre 2009 y 2012 los precios de las exportaciones españolas, medidos a través de los índices de valor unitario, aumentaron un 2,2% más que en los países desarrollados. No es de extrañar que en 2012 y en 2013 España hiciese récord en beneficios empresariales, según un estudio de Natixis, y tal como se refleja en el siguiente gráfico.

Natixis beneficios empresariales5. El aumento de exportaciones se explica por otros motivos: a) las empresas han querido deshacerse de los productos almacenados que ya habían producido y que no podían vender en España, y por eso los han vendido en el extranjero, y b) viendo que en el interior de España no pueden vender sus productos, las empresas se han orientado más a vender en el extranjero.

6. Además, en la encuesta que realiza periódicamente el BCE a las empresas de la zona euro se observa que de todos los problemas que tienen las empresas, el de los costes laborales tiene poca importancia, muy por detrás del problema de no encontrar clientes y del acceso a la financiación, tal y como se puede observar en el gráfico.

Encuesta BCE

7. Por lo tanto, el problema no es que haya salarios elevados, ¡sino todo lo contrario! En España sólo exportan productos el 4% de las empresas (y de forma regular sólo el 1,2%), de forma que la reducción de salarios para poder ser más competitivos sólo beneficiaría en todo caso a esas pocas empresas. El resto de empresas españolas venden sus productos en el interior de la economía, de manera que una reducción generalizada de salarios les viene fatal ya que supone menos capacidad adquisitiva de la población. ¡Por eso lo que necesitamos es que aumenten los salarios!

-Según la OCDE y el FMI lo ideal es reducir impuestos a los empresarios para que tengan más margen para crear puestos de trabajo y renta, y aumentar impuestos al consumo.

La idea subyacente es que quien crea renta y riqueza son los empresarios, no los consumidores. Este análisis ignora fatalmente que los empresarios necesitan vender sus productos para poder tener beneficios, y que si se reduce la capacidad de consumo de la población no encontrarán compradores para sus productos. Las únicas empresas que sí se benefician son las exportadoras, que por cierto son grandes empresas según los datos del ICEX. Una propuesta alternativa, mucho más coherente con la realidad y que busque reactivar la economía ha de orientarse hacia un aumento de la capacidad adquisitiva de la población, aumentando salarios, sueldos públicos, prestaciones sociales, gasto público en Educación y Sanidad, aplicando programas de Trabajo Garantizado, etc.

Notas:

(1) Uxó, Paúl y Febrero, 2013: “El mito de la flexibilidad salarial y el ajuste en la unión monetaria. La devaluación interna en España”. Versión preliminar para su discusión en el Seminario de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid.

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