Asamblea ciudadana “Por una ciudad democrática” – Propuesta de EQUO Jaén

Sara Martínez Ballesteros.
EQUO Jaén

 

HAGAMOS DE JAÉN LA CIUDAD QUE QUEREMOS

Sabemos dónde estamos.
Estamos en momento social y político más intenso de la historia reciente de España. Desde la Transición del 78 no hemos vivido un proceso de cambio de un calado similar. Detrás de la crisis de régimen heredada de esa Transición,
hay una crisis más profunda: una crisis sistémica, de civilización, que es a la vez económica, social, ambiental, y lo que es mas grave, democrática. Esta crisis revierte los derechos sociales que habíamos alcanzado si estos
entorpecen el trasvase de renta y poder a la oligarquía que en realidad nos gobierna, y nos golpea en forma de recortes, de paro, de precariedad.

En este contexto, estas élites políticas y económicas, actuando al dictado de los dueños del capital, siguen desarrollando políticas para enriquecer a unos pocos privilegiados a costa de que el resto lo perdamos todo: trabajo, renta, vivienda, educación, sanidad, cuidados, patrimonio natural, cultura, dignidad. Este proceso sólo puede llevarse a cabo de una manera: terminando de aplastar nuestra enclenque democracia, que ya no merece el apellido de representativa.

Ante esto, han surgido numerosos movimientos ciudadanos cuyo objetivo inicial quizá fue alzar la voz para denunciar lo intolerable de la situación, pero que simultáneamente han ido avanzando en la definición de propuestas y en la
lucha por la aplicación de dichas propuestas. Hemos salido a la calle, hemos gritado que no nos representan, se han logrado objetivos políticos y sociales. En lo que no se ha conseguido avanzar de igual manera ha sido en levantar
alternativas para lograr la mayoría transformadora en los parlamentos y resto de instituciones. Por tanto, hemos de seguir construyendo para llegar a un proceso constituyente en el que ese cambio ciudadano se plasme en una transformación democrática de las instituciones.

Construyamos alternativas
Tenemos que pensar y actuar de modo diferente a como lo hemos hecho hasta ahora. Y para ello es necesario recuperar el sentido ético y de servicio al interés común. La solución al descrédito de la vieja política pasa por una nueva
forma de hacer política. Necesitamos recuperar la política para orientarla hacia el bien común.

Sin duda la evolución de estos movimientos sociales nos ha dejado claro que el único camino para el cambio es el empoderamiento ciudadano. Por lo tanto, deberíamos ser capaces de articular espacios de participación en los que
mediante procedimientos horizontales de toma de decisiones, puedan trabajar tanto personas pertenecientes a organizaciones y colectivos sociales y políticos, como personas a título individual. Espacios donde se renueven las
interlocuciones y se consensúen objetivos y metodologías de trabajo asumibles por todas que nos lleven a conseguir el modelo político y social que queremos.

Es imprescindible y urgente construir alternativas a través de estos procesos de innovación social y política. Trabajando de manera cooperativa con unos objetivos claros e irrenunciables, hemos de ser capaces de cohesionar una
mayoría social amplia que respalde el cambio y actúe para lograrlo. Las personas que integremos estos espacios de reflexión y acción debemos asumir que se trata de procesos novedosos y desconocidos para la gran mayoría de nosotras, y que con toda seguridad cometeremos errores. Pero también debemos tener claro que la salida a esta situación no pasará por esperar un cambio de rumbo en las políticas de los partidos con opción de gobernar, ni un posible crecimiento de los partidos que se oponen a esas políticas. La solución no vendrá por los cauces políticos y socioeconómicos que nos han impuesto como inevitables, y a día de hoy tenemos más motivos para desconfiar de las viejas estructuras que del resultado de crear unas nuevas.

Debemos tener claro que el objetivo no es conseguir una unidad que reduzca al mínimo las diferencias ni que plantee acuerdos tácticos sino la construcción de un espacio común y plural, que gracias a la inteligencia colectiva y a la
aportación de todas pueda materializar la transformación que necesitamos. No es momento de movimientos tácticos, ni de reformular lo mismo de siempre con palabras distintas. El impulso debe estar apoyado en una mayoría social y
ciudadana, sin la cual esta transformación no será posible.

El ámbito local es el ámbito natural para ensayar la nueva política. A esta escala las personas que están comprometidas con el cambio que necesitamos pueden conocerse y generar lazos de confianza. Este cambio empieza aquí, en nuestras ciudades, en Jaén, y todos, colectivos y personas, debemos participar aportando contenidos, métodos y redes. Es necesario que todos y todas fomentemos y participemos de estas iniciativas abiertas, participativas y
cooperativas uniendo nuestras fuerzas y competencias.

Si algo hemos aprendido, es que no nos va a bastar con exigir democracia, sino que hemos de entre todas construirla.

Empecemos por nuestra ciudad.
Imaginemos el Jaén que queremos La transición de la situación de insostenibilidad actual que padecemos tiene en
la escala local su ámbito privilegiado de acción transformadora. Localmente están surgiendo iniciativas de transición socioambiental orientadas por los principios de la economía del bien común, experiencias de democracia
participativa y gobierno abierto y de fortalecimiento de las comunidades para hacer frente a la crítica situación socioeconómica. Para que estas iniciativas encuentren el impulso necesario para consolidarse y extenderse al ritmo que necesitamos es preciso generar las condiciones políticas que lo hagan posible.

En Jaén, si cabe más que en otros pueblos o ciudades, la crisis la estamos percibiendo en forma principalmente de paro, precariedad y desigualdad creciente, que nos generan malestar, violencia y miedo. Pero también, aunque
no seamos plenamente conscientes, en forma de destrucción del patrimonio histórico, natural y cultural, y de generación de una huella ecológica totalmente desequilibrada.

Tenemos que construir una ciudad en la que podamos resolver nuestros problemas poniendo en juego nuestros recursos naturales, territoriales, humanos, de generación de conocimiento y de creatividad e innovación social. Y éstas pasan por apostar por generar empleo en la economía local, con los recursos locales, de forma limpia y cooperativa.
Tenemos ejemplos por toda Europa de municipios que han pasado de la minería y la industria contaminante a la industria limpia y el empleo verde; que protegen sus espacios productivos agrícolas y ganaderos y favorecen canales
cortos de comercialización para mejorar las condiciones de vida de la gente del campo y garantizar su seguridad y soberanía alimentaria; que protegen su paisaje, su patrimonio; que fomentan un turismo cultural integrado y compatible con sus formas de vida; que apuestan por producir la energía que consumen; que invierten en reutilizar y reparar los bienes producidos por la industria y por reciclarlos cuando acaba su vida útil; que apoyan las redes de productores y consumidores ecológicos, que deciden democráticamente cuáles son las prioridades al elaborar de forma participativa sus presupuestos; que han creado cinturones verdes y han apostado por el espacio público de calidad; que han desarrollado un moderno y eficiente sistema de transporte público; que eliminan sus barreras arquitectónicas para garantizar la accesibilidad universal; que apuestan por la rehabilitación y que tienen políticas de vivienda que
garantizan que sea un derecho universal, que recuperan y blindan sus servicios públicos. Son las ciudades que han emprendido la transición para llegar a ser las ciudades y pueblos que queremos para nuestros hijos y nietos.

Jaén se enfrenta al reto de resolver sus problemas sociales, económicos y ambientales en un contexto de incertidumbre, que cambia vertiginosamente. Tenemos que afrontar el reto de revitalizarlo económica, social y espacialmente para hacerlo más sostenible y habitable.

Debemos mejorar las condiciones de vida en nuestro municipio, la calidad de nuestras viviendas, espacios públicos y equipamientos. La conexión de sus barrios a través de las redes de transporte público, carriles bici y caminos
peatonales, la vitalidad y variedad de nuestros comercios, talleres y actividades socioculturales y deportivas, su equilibrio ambiental, reduciendo el consumo de agua y energía y reciclando y recuperando residuos. Pero sobre todo
mejorando la calidad de las relaciones sociales, los lazos de buena vecindad y la riqueza de su vida asociativa. Mejorar la cultura participativa es la base y el motor de todo el proceso de cambio.

Necesitamos comenzar por repensar nuestras formas de organización social, política y económica, así como nuestros modos de vida. El reto que tenemos por delante es todo un ejercicio de reinvención.

Y para todo ello, el primer paso es recuperar la democracia. Porque el verdadero ejercicio democrático, no es votar cada 4 años, sino poder participar de manera cotidiana en la vida social, económica y política de nuestra ciudad,
la que imaginamos, la que queremos.

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