Entrevista a Walden Bello « El TTIP y el TPP son sobre todo instrumentos geopolíticos»

«Hoy nos encontramos en una situación en la que la globalización corporativa y el neoliberalismo han perdido mucha credibilidad y están a la defensiva»

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Publicado el pasado 24.10.2014 en http://sinistrainrete.info/estero/4220-walden-bello-lTTIP-e-TPP-sono-soprattutto-strumenti-geopoliticir.html y aparecido el día 17.10.2014 en www.sbilanciamoci.info.
Entrevista a cargo de Thomas Fazi.
Traducción del italiano a cargo de konkreto para el Frente Cívico “Somos Mayoría” de Jaén.

 

En paralelo al TTIP, EE.UU está negociando un acuerdo muy parecido con 11 países del Pacífico y Asia, denominado Trans-Pacific Partnership (TPP). Con ocasión del Foro de los pueblos de Asia y Europa que ha tenido lugar en Milán (Italia) del 10 al 12 de octubre, nos hemos reunido con Walden Bello, conocido teórico del movimiento anti-globalización, a quien le hemos pedido que nos explique cuál es la estrategia global que vincula a ambos tratados.

Hoy, los acuerdos bilaterales y multilaterales, como el TTIP y el TPP, han sustituido de hecho a los acuerdos en la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Hemos entrado en una nueva fase de la globalización?

Sí, creo que podemos declarar definitivamente concluida la fase triunfalista de la globalización, que alcanzó su punto álgido en los años noventa para después entrar en crisis tras la histórica manifestación contra la reunión de la OMC en Seattle, en 1999. Hoy nos encontramos en una situación en la que la globalización corporativa y el neoliberalismo, reos de haber provocado la peor crisis desde la posguerra, han perdido mucha credibilidad y están a la defensiva. Podemos decir que el concepto mismo de globalización neoliberal ha entrado en crisis. Pero, obviamente, hay intereses consolidados muy importantes que siguen empujando en esa dirección y que son apoyados por las élites tecnocráticas y por gran parte del mundo académico.

¿Cuánto ha contribuido el movimiento antiglobalización de finales de los de los años noventa e inicio del 2000 a poner en crisis el paradigma de la globalización neoliberal?

Su principal mérito fue el de romper la credibilidad y la narración triunfalista de la globalización corporativa.
La importancia histórica de las movilizaciones de Seattle estuvo precisamente en esto: en haber mostrado al mundo entero que el emperador estaba desnudo. Antes de aquella movilización abundaban los estudios que demostraban que la globalización estaba consiguiendo lo contrario de lo que prometía. Que estaba provocando un aumento de la pobreza y de las desigualdades, pero fue en Seattle donde el paradigma se rompió definitivamente, desvelando a todos el lado oscuro de la globalización.
El progresivo debilitamiento de la OMC a partir de ese momento -después de Seattle asistimos al fracaso de las negociaciones de Cancún y después a las de Bali, el año pasado, que realmente ha hecho estallar toda la máquina- hay que verlo como una gran victoria, ya que la OMC era un instrumento de primer orden de la globalización neoliberal. La decisión de resucitar el viejo modelo de los acuerdos bilaterales o multilaterales, a través de acuerdos como el TTIP o el TPP, hay que verlo como un repliegue, a la desesperada, forzado por el fracaso del “sueño” de alcanzar un consenso universal del derecho comercial mediante la OMC. Pero son acuerdos que presentan muchos elementos de fragilidad, a partir de la enorme resistencia que están encontrando tanto de parte de la opinión pública (demostrada por el rápido ascenso del movimiento “Stop TTIP” en Europa), como por parte de sectores importantes de la economía (como el del agro-negocio en muchos países asiáticos). Teniendo esto en cuenta, no debemos pensar que tenemos la victoria en el bolsillo: el desafío que tenemos por delante es aún muy largo.

¿Qué relación hay entre el TTIP y el TPP?

Los dos tratados son parecidos en muchos aspectos. En primer lugar, en ambos las conversaciones se están manteniendo en el máximo secreto y es fácil entender por qué: como ha dicho Ron Kirk, el ex representante norteamericano para el Comercio, si los contenidos del acuerdo se hicieran públicos, la gente se rebelaría contra el mismo. En segundo lugar, no están referidos tanto a los intercambios comerciales en sí cuanto a la ampliación del poder de las multinacionales sobre todos los aspectos de nuestra vida, por medio de los denominados derechos de propiedad intelectual e instrumentos como los ISDS (NdT: investor-to-state dispute settlement o tribunales de arbitraje para la solución de los conflictos entre los inversores y los Estados, previstos en los Tratados), que limitan la soberanía nacional, permitiendo a las multinacionales proceder contra los gobiernos en caso de que las intervenciones legislativas conlleven una limitación de sus beneficios. En tercer lugar, en ambos acuerdos hay un componente geopolítico muy importante: en el TTIP, hay una extensión económica de la OTAN y es evidente que uno de sus objetivos principales es contener el poder de Rusia; en el caso del TPP, el objetivo es claramente China. Más en general, tanto el TTIP como el TPP buscan contener el intento de los BRICS de crear un bloque económico alternativo al occidental. En este sentido, ambos tratados tienen una dimensión ideológica que no hay que menospreciar: encarnan los “sanos” valores occidentales -el libre comercio, la civilización, el estado de derecho, etc.-, respecto a los valores extraños del “otro”. Esto revela también la hipocresía de la ideología del “libre mercado”: si fuera verdaderamente tal, estos acuerdos deberían extenderse también a países como Rusia o China, pero obviamente ello no se contempla para nada por EE.UU o la UE.

¿Sería correcto ver estos acuerdos como una forma de neocolonialismo o de neo-imperialismo, en continuidad con los acuerdos de libre comercio impuestos por los EE.UU en el pasado a los países en vía de desarrollo (también en Asia)?

Considerando que tanto el TTIP como el TPP no son “simples” acuerdos multilaterales de libre comercio sino tratados en los que la componente geopolítica y de seguridad es tan importante como la económica, no sería exagerado definirlos como una forma de neo-imperialismo. Mediante estos tratados, las potencias hegemónicas (los EE.UU y Europa) buscan reforzar su esfera de influencia y contener a aquellas fuerzas que amenazan la supremacía de Occidente. En este sentido, así como el TTIP hay que considerarlo una extensión de la OTAN, también el TPP está estrechamente vinculado a la política de expansionismo militar de los EE.UU en Asia, denominado “pivote de Asia”. En este sentido, estos tratados corren el riesgo de causar un efecto de desestabilización desde el punto de vista geopolítico.

Usted ha señalado el aspecto de mantener en secreto las negociaciones, que es uno de los aspectos en el que los movimientos más insiste. En el caso de Europa, sabemos que en muchos casos también los mismos parlamentos nacionales han mantenido en secreto las negociaciones, llevadas a cabo por la Comisión europea. ¿En el caso del TPP, donde los EE.UU no tienen un interlocutor “privilegiado” con el que dialogar como sí ocurre con la Comisión, cómo se llevan a cabo las negociaciones?

En la mayor parte de los casos son los representantes comerciales de alto nivel los que participan en las negociaciones por cuenta de los distintos gobiernos. A las negociaciones han llegado también los representantes de las multinacionales, pero son excluidos los representantes de la sociedad civil e incluso los mismos parlamentos. Encuentro desconcertante que los parlamentos no protesten con más fuerza contra esta ausencia absoluta de transparencia y de respeto de los más elementales principios democráticos. Esto es imputable en gran parte a que los países que están interesados en estos acuerdos están dominados por los partidos conservadores, ideológicamente afines al neoliberalismo y con fuertes vínculos con el capital transnacional. Lo mismo vale, obviamente, para Europa.

Muchos países asiáticos -pienso por ejemplo en el caso de los “tigres asiáticos”- han reaccionado a los efectos devastadores de las políticas de ajuste estructural impuestas por el FMI y el Banco Mundial en los años noventa, persiguiendo políticas más proteccionistas que, en ciertos casos, han “invertido” el proceso de globalización que se había impulsado en el continente, con resultados económicos y sociales mayoritariamente positivos. ¿Qué influencia tiene ello en las negociaciones del TPP, que va en la dirección totalmente opuesta?

La globalización neoliberal se caracteriza por una fuerte apuesta por la exportación, pero la crisis económica, que ha deprimido fuertemente la demanda en los EE.UU y especialmente en Europa, los principales mercados de las exportaciones asiáticas, ha obligado a muchos países de Asia a revisar sus modelos de política económica.
Realmente, se han visto obligados a abandonar el modelo estrictamente neo-mercantilista de los años ochenta y noventa y buscar una política mucho más centrada en la demanda interna y una más equitativa distribución de las rentas. Dentro de los límites de las reglas actuales, han intentado también aplicar políticas más proteccionistas, imponiendo, por ejemplo, estándares sanitarios o de otros tipos para limitar las importaciones de bienes y controles del capital para limitar los flujos financieros, consiguiendo hasta el beneplácito del FMI, que recientemente ha reconocido la eficacia de los controles del capital para prevenir las crisis. En este sentido, acuerdos como el TTIP y el TPP, que se marcan el objetivo de frenar este proceso de desglobalización, representan un peligroso anacronismo histórico. Lo mismo se puede decir de la política neo-mercantilista perseguida por la Europa de dirección alemana.

A propósito de Europa, es imposible no pensar en el movimiento antiglobalización de los primeros años del 2000 y en su capacidad para movilizar a cientos de miles de personas contra la globalización neoliberal, un desafío que hoy parece casi imposible, a pesar de que el acuerdo en cuestión, el TTIP, nos afecte más directamente que los acuerdos del pasado.

Creo que las dinámicas de los movimientos están ligadas estrechamente a las dinámicas frecuentemente contradictorias de la crisis económica. Que la crisis, en muchos países europeos, haya determinado un desplazamiento a la derecha del electorado es un hecho que merece una seria reflexión, por ejemplo. De todos modos, estoy convencido que el desastre social provocado por las políticas de austeridad está creando las condiciones para que resurja un fuerte movimiento anti-neoliberal y anti-corporativo. La cuestión es: ¿quién catalizará la rabia de la gente, la izquierda anti-neoliberal o la derecha populista? Desgraciadamente por el momento ésta última parece ser la que lleva ventaja.

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