Razones de la confluencia. Quimera o posibilidad

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Martiño Noriega (Portavoz de Anova-IN) | Público

En uno de los últimos número de la revista gallega Luzes, dirigida por Manolo Rivas y Xosé Manuel Pereiro, su coordinador Iago Martínez tiraba de retranca y resumía el debate en torno a la confluencia con un contundente “O confluyes, o date por confluido”. Esa frase venía a condensar un debate intenso en el que no siempre los que en él participan hablan de lo mismo y donde incluso los de fuera, dan mucho más que tabaco.

Escribía hace unas semanas en la revista Sin Permiso “Vivimos en un momento de crisis del sistema capitalista, que coincide en el Estado español con la posible apertura de un proceso de procesos constituyentes. Todo está en cuestión. En esa dinámica también operamos en los prolegómenos de un caos sistémico, donde lo que hoy es nuevo mañana es viejo y donde la creciente frustración de la ciudadanía con los poderes políticos y económicos, coincide con una disminución del tiempo de respuesta a la agresión, asentada en el uso de las nuevas tecnologías y las nuevas fórmulas organizativas. En un momento donde las demandas innegociables son pan, trabajo y techo, nunca fue tan necesaria la acumulación de fuerzas para una respuesta y nunca fue objetivamente tan difícil” .

Sin negar las dificultades que he podido testar en los múltiples contactos peninsulares desde la responsabilidad de la portavocía (compartida con Xosé Manuel Beiras) de Anova-IN (anteriormente como Coordinador en el último año y medio) , lo cierto es que rechazar a priori la posibilidad de la confluencia bajo un programa de mínimos y un método, en el momento histórico que estamos viviendo, es asumir la derrota de partida una vez más. En estos doce meses he tenido la posibilidad de mantener contactos junto a otras compañeras y compañeros de Anova, entre otros, con el BNG, IU, Equo, Cup, EH-Bildu, Compromis, ICV-EUiA, Proces Constituent, Guanyem, Podemos y los socios de la coalición AGE en el parlamento gallego (EU, Espazo Ecosocialista y Equo Galicia) . También he participado en diversos foros como el de la Fundación Socialismo sin fronteras (Baztan-Nafarroa), El simposio internacional Europa-Sin Permiso (Barcelona-Catalunya), la Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista (La Granja-Segovia), el debate “Espacio Público” (Madrid) y en las jornadas del Observatori DESC (Barcelona-Catalunya). En todos los contactos y en todos los foros he defendido la apuesta fundacional de Anova de acumulación de fuerzas en un momento de máxima urgencia y también, he tenido la posibilidad de escuchar otros argumentos y valorar otras posibilidades. Diversas son las conclusiones .

La confluencia es la única garantía de ruptura. Si no queremos conformarnos con una reforma de baja intensidad y apostamos sinceramente por la ruptura, no podemos renunciar a practicar el ensayo error y la generosidad en la búsqueda de la acumulación de fuerzas que hagan posible este proceso. Los pitagóricos intentaron decodificar la existencia humana empleando las matemáticas con el convencimiento de que los principios matemáticos eran el principio de todas las cosas. Estas no engañan en este caso y pintan una oportunidad histórica en la suma de sensibilidades que giran sobre un común denominador para derrotar a la bestia y abrir un proceso de procesos donde podamos decidirlo todo. Las excusas de parte, son excusas de mal pagador.

La confluencia no puede ser tan solo partidaria (y tampoco apartidaria). Las formaciones políticas en el espacio de ruptura tan solo tienen que decidir si quieren participar o no en el proceso abierto y tienen que asumir el riesgo de hacerlo sobre un campo de juego distinto y con unas reglas diferentes, renunciando en muchos casos a privilegios de parte o a nichos de representación porcentual que habitan la derrota del presente . Existen segmentos de ciudadanía no organizada partidariamente que en esta situación de urgencia histórica han decidido dar un paso adelante elaborando una apuesta por participar en las instituciones. En la cohabitación de la respuesta sin renunciar a las identidades previas, está uno de los secretos del éxito. Las municipales son uno de los primeros lugares de ensayo de esta imprescindible cohabitación. En los procesos de confluencia ciudadana hay que perder todo el tiempo que sea necesario y mojar los pies en las “mareas”

La confluencia es el enemigo público número uno. El sistema de representación partidaria que deja poco margen a la búsqueda de otras fórmulas, los poderes fácticos del Estado que pretenden una renovación contractual del pacto del 78 sin concurso público, los partidos de la alternancia tocados pero no hundidos que caminan hacia la “Grosse Koalition” y los poderes económicos que no pasan por urnas pero gobiernan vía mandados de los mandados, son alérgicos a la posibilidad de la confluencia.

La confluencia como impostura o confluencia como vocación. Nadie niega la necesidad de concentrar energías pero nadie parece estar dispuesto a abandonar posiciones de parte. Confundir la confluencia “En torno a mi” con la confluencia “entre” , hablar de “confluencia popular” cuando queremos negar la “confluencia partidaria”, mentar las “coaliciones partidarias” cuando se minusvalora la “confluencia popular” o apostar por procesos de confluencia con “nuestras reglas” son lugares comunes de los que no quieren renunciar estéticamente a la acumulación de fuerzas pero tampoco a mostrar músculo propio. En este escenario, la vigorexia partidaria de parte aparece constantemente en el menú del día.

La confluencia en torno a un programa de acción. Si superponemos los programas en capas a modo papel cebolla de los diferentes partidos políticos que se encuentran en las coordenadas del espacio de ruptura y muchas de las demandas de las plataformas o colectivos ciudadanos auto organizados, nos sorprenderiamos del alto nivel de coincidencia propositiva. La posibilidad de generar un programa de mínimos sin vocación de vademécum que permita abrir un nuevo espacio para decidirlo todo no parece el principal problema. La confluencia programática debe ser la primera de las confluencias.

La confluencia en torno a un método. Pintemos el campo de juego. Busquemos un método que garantice la participación y sea capaz de proyectar la pluralidad y blindar la presencia de las minorías. Corresponsabilicemos del proceso en marcha a la mayoría social agredida entendiendo que el fin “de parte” no justifica “el método”.

La confluencia desde la diversidad. La respuesta o es mestiza o no será. El proceso de confluencia quedaría cojo si no integrase la realidad plurinacional del estado y el derecho a decidir. No es necesario compartir la estación término. Es suficiente, querer hacer una parte importante del camino juntos.

La confluencia como garantía . Una victoria electoral de parte desde el espacio de ruptura no garantiza la apertura de un proceso de procesos constituyentes en el Estado ni tampoco la tentación de un pacto entre los partidos de la alternancia para dotar de estabilidad lo inestable. La confluencia garantiza la corresponsabilidad de las diferentes sensibilidades en el nuevo camino que se pretende recorrer y establece un marco donde cohabitan responsabilidades prorrateadas en base a la representación de cada sensibilidad. Nadie niega la centralidad del proceso a los que tienen la centralidad y tampoco la necesaria participación de otros actores. La condición principal para no estar debe ser la autoexclusión.

La confluencia para vencer (y convencer). La victoria no es una opción, es una necesidad de la mayoría social agredida. La victoria electoral tan solo es una parte importante de este proceso. Necesitamos vencer pero también convencer. Para estar en condiciones de disputar la hegemonía y tener garantías de un cambio real que se proyecte en el futuro, la confluencia aparece como una condición sine qua non y una gran oportunidad, para no reincidir en ciclos históricos con pocas décadas de vida y un mal desenlace.

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