Cambio en la geopolítica de la energía europea: el proyecto South Stream se cancela

Rusia apuesta por controlar la venta de energía a China, Turquía y otros Estados de Asia.

 
Miguel Ángel González Claros.

 

El lunes pasado, el presidente ruso Vladimir Putin logró un acuerdo con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que fortalecerá los lazos económicos entre los dos países. De ese modo, Turquía será el principal pivote para el gas ruso en la región. Rusia bombeará gas natural adicional hacia Turquía y a un centro de operaciones en la frontera turco-griega que dará a Moscú acceso al lucrativo mercado de la Unión Europa.

Rusia ha abandonado el proyecto South Stream ante la negativa de la UE, para permitir su construcción. Ahora será sustituido por un nuevo ramal en dirección a Turquía. Esta decisión que Ankara ha realizado, puede provocar un cambio colosal en las relaciones euromediterráneas, si Turquía rechazase la integración euro-atlántica y si se dirigiese hacia la integración euroasiática. En lo que puede ser posiblemente el mayor movimiento hacia la multipolaridad. Hace apenas un año, nada de esto habría sido previsible, pero el fracaso absoluto de la política de Medio Oriente de EE.UU. y la Unión Europea ha provocado una situación muy desfavorable para sus intereses comerciales y energéticos. En una buena jugada de estrategia, el gobierno ruso ha contraatacado a las sanciones impuestas por la UE y se habla de un posible acuerdo de libre comercio con la Unión Aduanera de Eurasia, liderada por Rusia.

Los rusos decidieron que podían darse el lujo de cancelar el proyecto, porque han decidido que el futuro de Rusia es la venta de su energía a China y Turquía y otros Estados de Asia, antes que a Europa. De ahí que, para Rusia, South Stream ha perdido su interés estratégico. Moscú ha respondido a las sanciones de Europa del modo más eficaz que hayamos visto este año.

Con el rublo reducido casi un 40 por ciento frente al dólar desde el inicio del año, Putin dijo que el gobierno debería de tomar medidas enérgicas contra los especuladores y luchar contra los intentos de los enemigos de Rusia para ponerla de rodillas frente al imperialismo de Estados Unidos y la Unión Europea. Occidente puede haber perdido en un corto período de tiempo, y debido a sus errores de cálculo innecesarios, el control energético de Eurasia al provocar una reacción de Moscú, frente a la presión que han ejercido Washington y Bruselas, para provocar un cambio de gobierno en Siria y Ucrania.

Hace casi cuatro años, EE.UU. había cooptado a Turquía en el derrocamiento del gobierno sirio, elegido democráticamente, con el objetivo de que las reservas petrolíferas de South Pars, pasasen desde Siria a Qatar y de ahí atravesando Turquía en dirección a la UE. Sin embargo, las cosas no salieron como estaban previstas y el pueblo sirio participó en una feroz guerra para defender la existencia de su estado seglar.

Turquía dirigió a la coalición anti-ISIS, porque tenía garantías sólidas de obtener la recompensa de un cambio en el gobierno sirio, pero tal acontecimiento está lejos de acaecer. Incluso analistas como Thierry Meissan han explicado que París y Estambul, en los últimos meses, han intentado llevar una política diferente a la de Washington, que quiso jugar la carta del nacionalismo étnico kurdo, para intimidar al gobierno de Erdogan. Ante esa amenaza a la integridad del estado turco, el gobierno ha dado un giro rápido a sus relaciones exteriores mirando hacia Moscú.

La estrategia de la UE ha girado en torno al Tercer Paquete Energético de la UE, que exige que las tuberías y el gas natural que fluye dentro de Europa debe ser propiedad de diferentes compañías. El objetivo de esta política ha sido luchar contra Gazprom, la cual es la propietaria de gaseoductos que fluyen hacia diferentes naciones de Europa central y oriental.

Moscú va a proporcionar combustible a una economía de rápido crecimiento con un PIB de 1,2 billones de dólares, como Turquía, en lugar de países como Bulgaria, Italia, Grecia y Eslovenia, que languidecen en una depresión económica. El acuerdo con Turquía se ha convertido en una demostración más de la voluntad de Rusia para reorientar su potencial comercial y abarcar nuevos socios. De esta manera, está formándose, una coalición de Oriente Medio, en el que Rusia está reclutando la ayuda de los países del tercer mundo, que están libres de cualquier sesgo fuertemente pro-occidental.

La medida crea una alianza de facto entre Rusia y Turquía que podría cambiar el equilibrio de poder regional decisivamente a favor de Moscú, creando así una ruptura formidable para Washington en su estrategia de giro hacia Asia. Putin ha maniobrado una vez más contra EE.UU., añadiendo una victoria a su larga lista de triunfos políticos.

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