Recuperación, la ‘hora feliz’ de las grandes empresas

La otra cara de la “salida de la crisis”.
Un modelo basado en sueldos bajos y contratos precarios, la vía española para recuperar la actividad económica.

Junta de accionistas de Repsol 2014. / Repsol

Martín Cúneo
Diagonal

 

La disminución del paro en 477.900 personas en 2014, según la última Encuesta de Población Activa (EPA), ha sido uno de los arietes elegidos por el presidente del Gobierno, Ma­riano Rajoy, para golpear las puertas del ciudadano medio y anunciar en un spot –inmediatamente convertido en película de terror en Youtubeque la crisis ya había pasado. El anuncio de que el PIB había crecido por primera vez desde 2008, concretamente un 1,4%, parecía cuadrar muy bien con la idea fuerza del Gobierno en el inicio de este año electoral: los “esfuerzos” están dando resultados para salir de la crisis, todo volverá a ser como antes.Para Juan Torres López, profesor de Economía de la Universidad de Sevilla, hay indicios de recuperación de la actividad económica, pero no tarda en aclarar que de ella sólo se favorecerá a “una parte minúscula” de la población. “La mejoría de estos indicadores no llevan consigo una transformación de las condiciones productivas y de bienestar, más bien todo lo contrario”, dice a Diagonal este asesor económico de Podemos.

Una idea compartida por Miren Etxezarreta, economista y profesora de la Universidad de Barcelona. Es innegable, explica a este periódico, que “la economía empieza a crecer, que los precios no suben, que el consumo remonta un poco, pero los salarios han bajado, el trabajo es cada vez más precario, las horas trabajadas disminuyen, que es el indicador que realmente importa para saber si el paro aumenta o disminuye”. Esta integrante del Seminario de Economía Crítica Taifa contrapone la pérdida del 2% del poder adquisitivo de los salarios desde 2007 con el aumento del 1,6% en los sueldos de los altos directivos para explicar por qué se recupera la actividad económica pero no las condiciones de vida de la mayoría de la población: “A las empresas les va mejor precisamente porque los salarios son más bajos, porque los contratos son más precarios. Es el secreto del ‘milagro español’”.

El secreto del ‘milagro español’

Una persona ocupada, según los criterios de la EPA, es aquella que ha trabajado al menos una hora en la última semana a cambio de dinero o de pago en especies. Juan Antonio González Espada, abogado del Colectivo Ronda, señala que esta definición lleva a contar sólo el número de contratos firmados, sin importar que “una buena parte sean precarios, incluso contratos ridículos por tres o cuatro horas”. Aunque en los nuevos empleos creados en 2014, los contratos indefinidos siguen siendo mayoritarios frente a los temporales, la tendencia hacia la precarización persiste: tras las sucesivas reformas laborales “ahora con un contrato indefinido es facilísimo despedir a la gente”, señala Etxe­zarreta. En el tercer trimestre de 2014, el coste por indemnizaciones se redujo nada menos que el 19,6% con respecto al año anterior, según el INE.

La precarización también se evidencia en la reducción continuada de contratos a jornada completa, aunque en 2014 hayan sido predominantes: en 2007, antes de que comenzara la crisis, el porcentaje de personas que trabajaba a tiempo parcial era del 11,6%; en 2014, en plena “recuperación”, había trepado hasta el 16%. “Es cierto que se generan nuevos empleos, pero también es cierto que una parte mayoritaria de esos nuevos empleos no consiguen un mínimo de recursos para asegurar un sueldo digno”, escribía el economista Llorenç Pou Garcias en Nueva Tribuna.
Trabajar, incluso tener múltiples trabajos, y aun así ser pobre. No es algo nuevo, reconoce a Diagonal González Espada, pero “ahora empieza a ser un fenómeno preocupante a nivel estadístico”. La encuesta de la EPA tampoco analiza en qué condiciones se trabaja ni con qué derechos. “La gente está firmando condiciones que hace siete años eran absolutamente inaceptables. La gente acepta cualquier cosa para meter dinero líquido en casa”, denuncia este abogado laboralista. Una tendencia agravada, agrega, por la pérdida de influencia de las reivindicaciones sindicales en las empresas, tanto por la alta rotación como por el destino mayoritario de los nuevos empleos, el sector servicios, donde la presencia sindical es mucho más débil.

Para este abogado laboralista, la situación es “consecuencia directa” de las reformas del mercado del trabajo de los últimos años. “La reforma laboral de 2012 ha tenido éxito, pero no para crear empleo, porque no era su objetivo real. Ha tenido éxito en sus objetivos no confesados: una bajada masiva de los salarios, la reducción drástica del coste del despido y dejar a los trabajadores indefensos”, dice González Espada en referencia a las libertades que otorga la reforma de 2012 a los empresarios para bajar los salarios si no hay acuerdo con los sindicatos para renovar el convenio colectivo.

Lo más importante, invisible

La segunda parte de la definición de la EPA –eso de trabajar “a cambio de dinero o pago en especies”– deja fuera, según la investigadora Amaia Pérez Oroz­co, a la mayoría de las horas trabajadas, en concreto aquellas que no son pagadas, pero que son indispensables “para poder sostener el conjunto social”. La caída del poder adquisitivo de los hogares –un descenso medio del 17%, pero del 43% para los hogares con menos recursos, según la Organización Internacional del Trabajo–, los recortes y el abandono de los servicios públicos han acentuado un proceso de sustitución por trabajo no remunerado de aquello que “antes proporcionaba el Estado”.

“Si ya no hay clases de apoyo escolar, tendrás que hacer el apoyo escolar en casa –empieza a enumerar Amaia Pérez Orozco–. O si te traes al abuelo de la residencia, tendrás que dedicar mucho más tiempo a cuidarlo, o si lo ventilan antes del hospital tendrás que hacer tú el trabajo de cuidados. También hay mujeres a las que le compensa quedarse en casa, porque tienen una mierda de curro, en caso de tenerlo, y si la guardería cuesta un montón, por ejemplo, compensa directamente cuidar tú al niño”. Ante los recortes en dependencia y servicios sociales, decenas de miles de mujeres se han visto obligadas a dedicarse por completo a los cuidados, explica, y a experimentar “un retroceso en las posibilidades de vivir una vida autónoma”. La EPA no considera a estas mujeres población activa, y mucho menos desempleadas. Como tampoco considera población activa ni desempleada a aquellas personas que han desistido de buscar trabajo tras años de intentos frustrados –el “paro desanimado” le llaman– o que han tenido que abandonar el país por cuestiones económicas.

Para esta economista feminista, con la crisis no sólo han aumentado las horas de trabajo no pagado, sino que se han intensificado y han empeorado las condiciones en las que se realizan. “Por ejemplo, con la pobreza energética se degradan las condiciones en las que se hace el trabajo no pagado. Todo eso se lo deja fuera la EPA”, dice. Lo que sí vuelve a confirmar la Encuesta de Pobla­ción Activa es que entre los nuevos empleos de 2014 los puestos ocupados por hombres son mayoritarios: 251.500 frente a 182.400. “Con la crisis está habiendo una marcha atrás en términos de niveles de vida para el conjunto de la población, pero en términos relativos las más perjudicadas son las mujeres”, apunta Pérez Orozco.

No es la primera vez que circunstancias coyunturales, explica Miren Etxezarreta, se convierten al calor de grandes crisis en estructurales: “De la crisis de finales de los 70, se salió con dos millones de parados permanentes. ¿Tú crees que alguna vez se van a absorber los cinco millones de parados que hay ahora?”. Según afirmaba recientemente la OIT, el paro en España no bajará del 21% durante los próximos diez años. Igual de estructural puede convertirse, señala esta economista, un modelo de competitividad basado en los bajos salarios y contratos precarios. Para Etxezarreta estamos ante una “revolución conservadora”, que ha arrasado con décadas de luchas sociales. “Ha sido como una caída de un precipicio. La recuperación, en caso de que se produzca –dice Etxezarreta–, empieza desde ahí abajo, no desde donde estábamos antes”.

Juan Torres López intenta dibujar un panorama que comparte España con el resto de los países del sur de Europa. Lo hace con una parábola: unos desconocidos entran en una casa y empiezan a llevarse los muebles. Si los habitantes de la casa no se ­resisten, cuenta, en poco tiempo la casa se queda vacía. “¿Cuántos muebles se van a llevar? –se pregunta–. Depende de la resistencia que sean capaces de llevar a cabo”.

La referencia a los cambios sociológicos de los últimos años y a la victoria de Syriza en Grecia se convierte en inevitable: “La gente ya ha empezando a darse cuenta de que se le están llevando los muebles de su casa y empieza a reaccionar. Y en un país, hay quien se ha puesto en la puerta y dice que ahí ya no pasa nadie. Pueden dar una patada en la puerta y romperles la cabeza. El resultado va a depender de ese pulso. Los problemas económicos no tienen una solución económica, son soluciones políticas, dependen de las fuerzas sociales y políticas, culturales e ideológicas que tengan los distintos grupos sociales”, concluye Torres.

Líderes con EE UU en desigualdad

España es, junto a Estados Unidos, el país “desarrollado” donde más ha crecido la de­sigualdad, un 90% en el caso español, detallaba el Informe Mundial sobre Salarios (2014/2015) de la OIT. El estudio, publicado en diciembre de 2014, también situaba a España en el club de países, junto con Grecia, Irlanda, Japón y Reino Unido, donde los salarios son ahora menores que en 2007. Unas cifras que se complementan en España con una brecha del 17% entre los salarios de hombres y mujeres. Sin embargo, señala la economista Amaia Pérez Orozco, esta cifra señala sólo una pequeña parte de las desigualdades económicas relacionadas con el género. A las desigualdades salariales –diferencia de dinero percibido por el mismo trabajo y cualificación– hay que sumar, explica, las desigualdades en la cantidad de tiempo trabajado, en el tipo de contrato, en las menores posibilidades de promoción profesional o del menor margen de trabajar horas extras pagadas teniendo que asumir al mismo tiempo la mayor parte del trabajo de cuidados.

Los otros indicadores de la crisis

Para Miren Etxezarreta, la interpretación de los valores macroeconómicos siempre está marcada por una cuestión de clase. “Dependiendo de qué indicadores tomes, te pueden dar una realidad o la otra y las dos pueden ser correctas”, dice. Etxezarreta pone las pensiones como ejemplo. Si se observan los valores que ofrece el Gobierno, los pensionistas no han perdido poder adquisitivo: las pensiones subieron en 2014 el 0,25% y los precios (medidos por el IPC) bajaron un 1%. Sin embargo, Miren Etxezarreta señala la trampa: “Si tomas los precios que importan más a los pensionistas, que en general tienen que gastar mucho en cosas fundamentales, te encuentras con que el agua, la luz, el gas, todo eso ha subido mucho, muy por encima del 0,25%”. Etxezarreta habla de otros indicadores que dan otra versión de la recuperación: los 28.500 sanitarios que se perdieron en dos años, el incremento del 17% en los desahucios de casas habitadas en 2014 o la cantidad total de horas trabajadas, que vuelve a caer este año.

Maquillaje en el inicio del año electoral

Empieza el año electoral y el Gobierno anuncia la salida de la crisis. Juan Torres López señala que no se trata de una casualidad: “En los periodos anteriores a unas elecciones se suelen registrar mejoría en los indicadores económicos porque los partidos en el Gobierno concentran incrementos de gastos y medidas de impulso de la actividad y eso está ocurriendo en la economía española”. Un fenómeno que se hace extensible a toda la UE ante “la evidencia del fracaso” de las políticas de ajuste y el auge de partidos contrarios a las políticas de la troika. La inyección de miles de millones de euros de liquidez en los mercados con la fórmula quantitative easing es una de ellas, aunque para Torres no resultará “definitiva ni resolutoria” ya que los altos niveles de endeudamiento llevarán a que gran parte de este dinero termine siendo utilizado para el pago de la deuda. La posibilidad de postergar la siguiente tanda de recortes en España –unos 20.000 millones de euros– para después de las elecciones son otra muestra de la “preocupación” de la UE.

600 €

es la media de descenso de los salarios entre 2010 y 2013, según UGT. Una cifra que ayuda a entender por qué el 30% de la población está en riesgo de pobreza.

2,7

son los millones parados de larga duración, un 7,1% menos que en 2013. Con la reducción del paro en 2014 de dos puntos porcentuales, el desempleo se sitúa en el 23,7%.

24,2%

es la tasa de trabajo temporal en 2014, cinco décimas superior a la tasa de 2013. En el último año, el empleo indefinido se ha
incrementado en 212.800 personas y el temporal en 176.900.

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